1.6.17

Realidad

No hace falta contemplar una gota de fuego cayendo lentamente por mis párpados, para descubrir que aún sigues conmigo.
Acompañándome en este infierno oscuro de viejas paredes deslavadas.

Ni elevar la copa y brindar porque después de todo y a pesar de tanto, aún con la distancia, seguimos tan unidas como el primer instante.

Sólo que ahora nos contemplamos destrozadas, tú en tu lecho macabro y yo en el mío, cubierto de gusanos azucarados.